jueves, 20 de diciembre de 2007

Jesús en una visión latinoamericana



Según Leonardo Boff “La fe en Cristo constituye un continuo proceso de inserción de lo que él significa, en nuestra comprensión de la vida, del hombre y del mundo”[1]. La fe en Cristo no se comprime a arcaísmos de las formulas, por muy respetables que sean, ni al arqueologismo bíblico. Creer en Jesús como acto existencial y modo de vivir es confrontar la totalidad de la propia vida personal, social, cultural y global con la realidad de Jesús.
Por tanto como digiera Sobrino, “Aquí no nos vamos a fijar en los contenidos de las nuevas Cristologías, sino en lo que ha de estar en el fondo de todas ellas; la relación Jesús y los pobres”[2].

Un ejemplo de esto es el tema de la iglesia de los pobres en Medellín, así como en la práctica pastoral y la reflexión teológica que especifican en sus textos, tiene una perspectiva netamente Cristológica. “Es decir, no se trata sólo de una sensibilidad a la situación concreta de la inmensa mayoría de los pobres que viven en el continente, la exigencia fundamental y lo que confiere pleno sentido a todo viene de la fe en Cristo”[3]. “Esta óptica Cristológica se inspira en otra afirmación del Vaticano II. En la L.G. se dice que la iglesia reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y paciente.. y procura servir en ellos a Cristo”[4]

Es Cristo que nos revela al Padre y nos introduce en el misterio de la vida trinitaria por el Espíritu. Todo pasa por Cristo, que se hace camino, verdad y vida. Por el bautismo recibimos la filiación divina, y hechos todos hijos de Dios, todos los pueblos de América latina hemos sido hechos también hermanos entre nosotros. En él todos tenemos la liberación del pecado, de la muerte y de la esclavitud. Él da la vida en plenitud para que la Iglesia a su vez, la comunique a todos los hombres y a todos los pueblos, sin diferencia de razas, naciones o situaciones económicas.

En Chile la relación de Cristo con el pueblo (los pobres) se pude apreciar desde las obras del Padre Hurtado, fundador del Hogar de Cristo. La expresión un “Cristo social” caracteriza bien la cristología de Alberto Hurtado. Esta expresión alude al Cristo que se identifica con los pobres socialmente considerados, los pobres que padecen la sociedad que se les impone, los pobres que organizados en sindicatos reclaman justicia. Ella implica que la pobreza es un pecado social que una reforma estructural debiera erradicar. “La mística de Hurtado es una “mística del pobre” víctima de una sociedad inhumana, es una “mística social”. Supone que “el pobre es Cristo”. Pero no sólo el pobre aislado, que puede o no tener una cama, sino también las masas de pobres explotadas o despreciadas por una sociedad organizada de un modo que genera estos efectos. En este pobre sobre todo, el “Cristo social”, para quien el cristiano debe ser, “otro Cristo”, A través de la caridad y la lucha por la justicia. Desde un punto de vista cristológico la coincidencia de fondo de Hurtado con los teólogos de la liberación es muy grande. Al igual que Hurtado, a estos teólogos les lloverán las críticas por exaltar la figura del Cristo del reino y de la acción, el Jesús de Nazaret de los evangelios, funcional a una anticipación temporal de la salvación eterna de los que una sociedad injusta ha empobrecido”[5]. También la teología de la liberación en América Latina ha afirmado la alianza entre Dios y los pobres. Es una teología centrada en lo central en la misión de Jesucristo, en su pasión, en su causa y en su utopía.

Por su parte el autor español Jon Sobrino, en su libro Jesús en América Latina, se propone iluminar y estimular a los cristianos, que luchan por la justicia y en contra de la opresión, que defienden la cauda del pobre y del oprimido, y que sufren persecución. Así Sobrino no oculta que su Cristología es una Cristología comprometida y militante. El autor “Se esfuerza por establecer la filiación de Cristo a partir de la opresión, siendo este el lugar de hecho más apto en situaciones del Tercer Mundo, y de derecho el que aparece a lo largo de la escritura para comprender el mensaje de la salvación. Desde la opresión se cree en el Hijo de Dios, en primer lugar, por la semejanza que existe entre un pueblo crucificado y el Hijo de Dios a la manera de siervo”[6].

Es un grupo de autores liberacionistas entre los que se destacan Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff y el mismo Jon Sobrino, se han propuesto, aportar los elementos intelectuales de una Cristología adecuada a las exigencias praxologicas de la teología de la liberación. El desafió que se planta entonces y ahora, el de cómo pensar, comprender y confesar a Jesucristo, en un contexto histórico marcado por la herencia del colonialismo, por la pobreza, la desigualdad, la explotación, por conflictos tanto sociales como políticos. Lo que se trata de hacer es lograr una teología, fiel a la realidad compleja y rica de la opresión y de los esfuerzos de la liberación. Una tal Cristología, no podría ser un discurso comprometido y militante, menos interesado en conformar el mensaje de y sobre Jesucristo en base de categorías sistemáticas, que engendrar nuevas maneras de vivir.

Por tanto el propósito de la Cristología latinoamericana es hacer vivo el mensaje de Cristo en y desde sus situaciones que conocen una masiva e inhumana pobreza, y si su reflexión por ejemplo fuera a partir de los derechos humanos, Cristo seria la fuente que garantiza la dignidad de la persona humana y de sus derechos. Toda violencia de los derechos humanos contradice el Plan de Dios y es pecado. La Iglesia al proclamar el evangelio, raíz profunda de los derechos del hombre, no se atribuye una tarea ajena a su misión, sino, por el contrario, obedece al mandato de Jesucristo que hace de la ayuda al necesitado una exigencia esencial de su misión evangelizadora. O si su preocupación es desde el empobrecimiento y solidaridad, la escritura nos dice que Cristo siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Esta es la invitación que él nos hace para que los cristianos podamos dar testimonio auténtico de pobreza evangélica en nuestra vida, y en nuestras estructuras eclesiales. Descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los pobres y marginados es algo que desafía a todos los cristianos a una profunda conversión personal y eclesial.

La misión esencial de la iglesia, siguiendo la de Cristo es una misión evangelizadora y salvífica. Saca su impulso del amor divino. Esta tarea en función de las experiencias pastorales y las reflexiones teológicas, es llamada cada vez con más frecuencia, evangelización liberadora en tiempos recientes. En esto la conferencia episcopal de Medellín y la teología hecha en América Latina jugaron un papel importante. La “Evangelio Nuntiandi” fijo para nuestra época los términos de la tarea evangelizadora de la Iglesia y Puebla la retomo en el contexto latinoamericano.

“Anuncio de la liberación integral, como decíamos, porque nada escapa a la obra salvífica de Cristo. El amor que impulsa a la Iglesia a comunicar a todos la participación en la vida divina mediante la gracia, le hace también alcanzar por la acción eficaz de sus miembros el verdadero bien temporal de los hombres, atender a sus necesidades, proveer a su cultura y promover una liberación integral de todos lo que impide el desarrollo de las personas. La Iglesia quiere el bien del hombre en todas sus dimensiones”[7].

La Cristología liberadora recoge las intuiciones de la eclesiologia del Vaticano II, pero acentúa algunos aspectos, la importancia de las asociaciones eclesiales de base, como forma nueva de coexistir en la iglesia, la iniciativa por los pobres como tarea prioritaria, el seguimiento del camino histórico de Jesús en nuestro mundo, la responsabilidad de ser su voz profética frente a las situaciones de injusticia y opresión, una visión ecuménica de la lucha por la justicia, la predicación de una evangelización integral, de la cual forma parte la promoción y la liberación. Lo que se busca es que la iglesia se encarne en medios populares, que el pueblo responda con fe al llamado del evangelio, que la iglesia se convierta cada vez más en evangelio.



[1] Boff Leonardo, “Jesucristo libertador, ensayo de Cristología critica para nuestro tiempo”, Ed. Sal Térrea, España, 1983, Pág. 239.
[2] Sobrino Jon , “Jesús y los Pobres Lo meta-paradigmático de las Cristologías”, Misiones extranjeras 1997, Pág. 499-511.
[3] Gutiérrez Gustavo, “La verdad los hará libres, Ed. CEP, Lima, 1986, Pág. 242
[4] Ibidem, Pág. 243.
[5] Costadota, Jorge, “Alberto Hurtado se anticipa a la Teología de la liberación”, Artículo publicado en el último número de la Revista Reflexión y Liberación. Santiago de Chile, 24 de abril 2006
[6] Montero Fernando, “El Liberacionismo Latinoamericano en tres libros” en Cristianismo Sociedad Libre y Opción por los Pobres, Ed. CEP, Chile 1988, Pág. 409.
[7] Op. cit. Gutiérrez Gustavo, Págs. 204-205.

2 comentarios:

jose luis dijo...

Al leer el Blog de inmediato me surgen preguntas y la vez respuestas pendientes, ¿se hace fundamental la base piramidal de la iglesia ?¿como superamos si no lo es ? el evangelio revela un misterio que a mi juicio se entorpece cuando lo monopoliza el poder y el dinero. El asunto es como estas ideas liberacionistas avanzan frente al agresivo ataque de la teologìa de la properidad y todos sus derivados.

Colombo dijo...

Gracias José Luis por tu interés en este tema, pienso que la iglesia como toda institución necesita de lideres y un cierta configuración, el problema es cuando la jerarquización se vuelve totalitaria e irracional, la superación de este negativo modelo se centra en una visión cristo céntrica de la misión de la iglesia, entendiendo el principio de Marcos 10:45. Sin embargo también necesitamos construir permanentemente una teología crítica que nos permita instaurar diariamente un análisis a nuestro entorno y también a las propuestas de nuestra iglesia.